domingo, 11 de abril de 2010

Acerca del hombre.


Según una conversación con mi jefe, Andy...
Él será padre en pocos meses.
Conversábamos sobre aficiones y otras cosas. Todo derivado de mi gusto por la cultura, la práctica de idiomas y el exponerse a actividades, eventos que forman parte de nuestros gustos y nos mantienen con un bagage cultural más o menos en forma.
En mi caso es el gusto por muchas cosas, el arte, los idiomas, la literatura. En fin, cosas que en su tiempo no elegí y que después desaproveché. A Andy también le gusta la pintura. Pero ambos somos parte del departamento comercial de una firma.
Nos dedicamos a trabajar y poco tiempo o circunstancias quedan para otras aficiones, por ejemplo el ocio. La cultura va últimamente demasiado ligada al ocio, al tiempo libre que nos queda. Por lo tanto nos volvemos como especie cada vez más estúpida y maleable. Perdemos el raciocinio y creemos lo que dice tal o cual periódico. Nos identificamos con marcas, estilos u opiniones sin que sean las propias.
Volviendo al tema de la cultura, a mí me es muy difícil en mis días normales practicar y desarrollar más de dos idiomas, con suerte puedo hablar un catalán aprendido "al carrer". Al igual que se me va olvidando el inglés que durante un tiempo fué parte de un mundo inclusive sensible mío. Mi conocimiento del idioma alemán se encuentra ya muy oxidado y no va como los fabulosos motores de esa noble industria.
En resumen, si uno no trabaja en la Universidad o no está íntimamente ligado a un trabajo que lo acerque a un lugar donde se usen a diario diferentes idiomas o se debatan ideas, pensamientos, se critiquen formas y estilos literarios y artísticos, es difícil incrementar un conocimiento cultural que queda como está desde que uno sale al mundo laboral. Es verdad que uno aprende de la práctica y el roce diario con la vida misma que hemos creado. Pero vuelvo a decir, a mí me agrada mucho todo el ámbito cultural. Pero en este mundo la cultura no es negocio y menos mal que sea así.
Nos volvemos seres específicos de acuerdo a nuestra utilidad y nicho de empleo. Para asegurarnos tal espacio y que no nos lo quite alguno salido de esos crisoles de conocimiento, nos volvemos más y más especializados en nuestra materia hasta transformarnos en una eminencia. Es como el conocimiento después de Platón, la filosofía se separó en diferentes ramas que estudian al día de hoy los fenómenos que nos rodean por separado. Así mismo el hombre. Por separado y cada vez más específico en el engranaje social, si uno no sirve rápidamente la parte defectuosa se repara o se reemplaza, lo que salga mejor para la maquinaria.
Nos hemos especializado y en casos sobre especializados. En Ghost in the Shell, el manga creado por Masamune Shirow hay un diálogo entre Bateau y la mayor Motoko Kusanagi donde la última le explica a Bateau que la sobre especialización aumenta la debilidad.
Ahora, volviendo a la conversación con Andy, le pregunté sobre el tiempo que hacía que no cogía los pinceles, pues yo mismo no los cojo desde hace meses, los que se van sucediendo vertiginosamente. Pues es ahí donde para mí tiene sentido la llegada de los neonatos, la necesaria continuidad de la obra creativa humana, la necesidad de depositar los conocimientos para que sean desarrollados, puestos a prueba, descartados y mejorados por las generaciones venideras.
Una sóla vida no basta para concluír un proyecto cultural que deje huellas en el futuro.
Otra cosa que me llama ahora la atención es nuestro humano empeño en dejar la huella.

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