Hoy voy a hablar de algo muy necesario abordar.
En el país donde nací habitualmente se habla con despecho de "la raza" y el comentario devanea con ilusorias ideas de haber sido colonizado por otro país más al norte, por ejemplo inglaterra o alemania.
En parte lo ha sido, gracias a la colonización inglesa la República de Chile heredó la guerra del pacífico y problemas graves de injusticia social en las oficinas salitreras. Anteriormente ya hubo complicaciones con las guaneras, más tarde también se presentaría este problema con intereses británicos en el carbón. Recientemente en el pasado siglo, la presencia inglesa se grangeó secreto favor de la junta golpista que facilitó información clasificada sobre los movimientos y geografía argentinos durante la guerra de las Malvinas.
No obstante lo anterior la colonización alemana no fué tan nefasta en un principio, los alemanes que llegaron en el siglo XIX (Entre ellos parte de mis antepasados) Crearon una pujante industria agrícola, fabricaron cerveza, se interesaron por el mapudungún y crearon pueblos con encanto a la vora de lagos y volcanes. Más tarde algunos de sus descendientes se hicieron eco de los delirios nazis de la manada golpista que se alió con el fugitivo alemán Paul Schäfer. Roberto Thieme fingió su desaparición en avioneta cuando en realidad aterrizó sano y salvo a planear los próximos movimientos del grupo ultraderechista Patria y Libertad.
De la colonización que tuvimos, la del sur de España, en la mayoría andaluces, extremeños, murcianos, se dice que no fué buena mezcla la resultante con los autóctonos.
Puedo discrepar, porque no es lo que se tiene en las manos lo malo sino lo que se hace con ello.
Lo que no puedo discrepar es que se heredó un carácter político centralista y además se continuó con una política de ocupación y expropiación de los naturales de esas tierras a la llegada de colonos, a los mapuches los españoles no los vencieron.
El alcohol y las enfermedades que traían, junto con el idioma, su fé y otros sucesos fueron menoscabando a esa cultura. El huinca (hombre blanco en su forma despectiva) llevó a cabo políticas no más humanas. Las etnias de más al sur quedaron en su totalidad extinguidas.
De los onas, selknam, yaganes, alacalufes, no queda nadie. Se ha perdido su lengua y sólo se mantiene un exiguo registro fotográfico y otro poco en las crónicas decimonónicas que se pueden leer.
El mapuche aún resiste.
Se le expropió, se le ninguneó, se le timó.
El alcohol, sus nuevas formas de prepararlo, más rápido y sin ceremoniales, sin sentido, de vicio, de entrega inmediata comenzaron a mermar el espíritu del rehue. La lengua, la castellanización, las cristianización, la chilenización oprimieron cada vez más al mapuche sobre sectores más y más reducidos. Se importó el "progreso" con ello la migración campo ciudad y la supuesta búsqueda de mejores oportunidades.
La pérdida de mano de obra, de conocimiento agrícola es irreparable. La pérdida de la identidad cultural imperdonable.
Yo defiendo como sabéis la causa independentista. No puedo hacer menos que apoyar la causa mapuche.
No sólo en la devolución de tierras, sino en esfuerzo de recuperación y respeto de la lengua, tradición y cultura mapuches. El reconocimiento histórico y la creación de una nación independiente, que se base en sus ancestrales usanzas sociales y políticas.
Esto es una deuda, una responsabilidad de Estado, es un deber de todos los ciudadanos, la recuperación de parte del mal hecho. La reconciliación con lo nuestro, con parte de la sangre diluída y derramada, para la reconciliación de mis anchos pómulos, cabellos crespos y delgados, piel pálida y pecosa, de mis idiomas, de mi propia historia.

