jueves, 20 de enero de 2011

Consecuencia (huinca e historia)


Hoy voy a hablar de algo muy necesario abordar.
En el país donde nací habitualmente se habla con despecho de "la raza" y el comentario devanea con ilusorias ideas de haber sido colonizado por otro país más al norte, por ejemplo inglaterra o alemania.
En parte lo ha sido, gracias a la colonización inglesa la República de Chile heredó la guerra del pacífico y problemas graves de injusticia social en las oficinas salitreras. Anteriormente ya hubo complicaciones con las guaneras, más tarde también se presentaría este problema con intereses británicos en el carbón. Recientemente en el pasado siglo, la presencia inglesa se grangeó secreto favor de la junta golpista que facilitó información clasificada sobre los movimientos y geografía argentinos durante la guerra de las Malvinas.
No obstante lo anterior la colonización alemana no fué tan nefasta en un principio, los alemanes que llegaron en el siglo XIX (Entre ellos parte de mis antepasados) Crearon una pujante industria agrícola, fabricaron cerveza, se interesaron por el mapudungún y crearon pueblos con encanto a la vora de lagos y volcanes. Más tarde algunos de sus descendientes se hicieron eco de los delirios nazis de la manada golpista que se alió con el fugitivo alemán Paul Schäfer. Roberto Thieme fingió su desaparición en avioneta cuando en realidad aterrizó sano y salvo a planear los próximos movimientos del grupo ultraderechista Patria y Libertad.
De la colonización que tuvimos, la del sur de España, en la mayoría andaluces, extremeños, murcianos, se dice que no fué buena mezcla la resultante con los autóctonos.
Puedo discrepar, porque no es lo que se tiene en las manos lo malo sino lo que se hace con ello.
Lo que no puedo discrepar es que se heredó un carácter político centralista y además se continuó con una política de ocupación y expropiación de los naturales de esas tierras a la llegada de colonos, a los mapuches los españoles no los vencieron.
El alcohol y las enfermedades que traían, junto con el idioma, su fé y otros sucesos fueron menoscabando a esa cultura. El huinca (hombre blanco en su forma despectiva) llevó a cabo políticas no más humanas. Las etnias de más al sur quedaron en su totalidad extinguidas.
De los onas, selknam, yaganes, alacalufes, no queda nadie. Se ha perdido su lengua y sólo se mantiene un exiguo registro fotográfico y otro poco en las crónicas decimonónicas que se pueden leer.
El mapuche aún resiste.
Se le expropió, se le ninguneó, se le timó.
El alcohol, sus nuevas formas de prepararlo, más rápido y sin ceremoniales, sin sentido, de vicio, de entrega inmediata comenzaron a mermar el espíritu del rehue. La lengua, la castellanización, las cristianización, la chilenización oprimieron cada vez más al mapuche sobre sectores más y más reducidos. Se importó el "progreso" con ello la migración campo ciudad y la supuesta búsqueda de mejores oportunidades.
La pérdida de mano de obra, de conocimiento agrícola es irreparable. La pérdida de la identidad cultural imperdonable.
Yo defiendo como sabéis la causa independentista. No puedo hacer menos que apoyar la causa mapuche.
No sólo en la devolución de tierras, sino en esfuerzo de recuperación y respeto de la lengua, tradición y cultura mapuches. El reconocimiento histórico y la creación de una nación independiente, que se base en sus ancestrales usanzas sociales y políticas.
Esto es una deuda, una responsabilidad de Estado, es un deber de todos los ciudadanos, la recuperación de parte del mal hecho. La reconciliación con lo nuestro, con parte de la sangre diluída y derramada, para la reconciliación de mis anchos pómulos, cabellos crespos y delgados, piel pálida y pecosa, de mis idiomas, de mi propia historia.

Concepto de inteligencia


Es un complicado tema este.
Pues durante mucho tiempo y estimulado por las palabras de quienes me han querido, me decían que soy muy inteligente.
De niño sin duda lo era, ahora sólo me he vuelto algo experimentado a medida que me hago viejo, eso es lo que quiero rescatar del sentido de inteligencia.
Puesto que la inteligencia no ofende a la inteligencia, me asombra la facilidad con la que me puedo ver ofendido.
Para muestra un botón:
Íba camino de Barcelona y estando ya en el metro noto un jovenzuelo veinteañero con problemas de estrabismo, al principio me pareció que era rumano por la ropa que llevaba puesta, no me fijé más en él. Luego comenzó una conversación telefónica en castellano.
Al bajarme estaba en mi regular preocupación por salir del vagón y llegar donde tenía que ir.
Lo escuché sin atención dado el alto volúmen de su conversación, de ese tipo que molesta al vecino del tren o bus que no quiere enterarse de los asuntos de su prójimo.
Entonces mencionó la palabra "sudacas" en tono de pregunta retórica, al paso que agregaba, aquí se está bajando uno en el Hospital Clinic.
Al tiempo que bajaba del aparato, me volví y lo miré, como que la cosa no íba para mí, pero si íba dirigido hacia mí. Me sorprendieron dos cosas inmediatamente.
La primera es para que os riáis una vez más con las locuras que me suceden, se trata de una pregunta que me hice en mi fuero interno siempre pensando miles de cosas y de imaginación exacerbada:
- ¿Cómo se puede notar tanto que soy sudaca? ( Sí créanme que tenéis todo el permiso mío para reír).
La segunda no es tan divertida y es que me sorprendí con poco tiempo para haber reaccionado, al no estar dispuesto a volver al vagón y armar un número y la que va directamente ligada a las ganas de armar el espectáculo, cómo lo haría, que haría y el manejo de la progresiva rabia que me daba. También me alteraba el hecho de sentirme ofuscado y volvían muchas veces tantas situaciones en las que me han llamado de todo, en las cuales mi actuar me gusta que sea tranquilo, de aplomo, puesto que ¿Qué le hace el orín de verbernera cabra montañesa a las laderas de la magestuosa montaña?
Pues nada, pero como no soy montaña tuve que bancarme la sensación que no necesariamente todos los días son el paraíso. Aunque me encuentre en Catalunya, andando en el metro de Barcelona.
En fin, para no extenderme demasiado vuelvo a la otra reflección:
Pienso que la inteligencia no es exactamente saber un montón de información ni tampoco recordarla, pero tampoco pienso que sea el moverse astutamente por la vida lo que hace a una persona más inteligente.
Es complejo el tema, puesto que topo con los límites propios de mi poca o mucha inteligencia.
Es delicada la mención de esta palabra por el hecho que no siento que sea inteligente arrogarse el adjetivo propio de la persona poseedora de la cualidad tratada aquí.
Pero es mucho menos inteligente discutir sin argumentos a cualquier cuestión que nos presente la vida, artículo escrito, máxime si se trata de una declaración u opinión ( Aunque todas las opiniones son altamente discutibles al ser sólo eso, opiniones).
Lo digo por lo que deja entrelíneas y el alcance de una persona inteligente, cuando las lecturas de lo que dice se regocijan en la sencillez y la ironía. Cuando se vuelven puertas y ventanas abiertas a esferas de pensamiento y líneas de dialéctica.
Una pista que la experiencia del haber cometido tanta estupidez, dicho tanta tontería y decidido tanta bobería me ha terminado por mostrar claramente.
Se puede discernir lo estúpido de lo inteligente porque son opuestos, lo uno ofende a lo otro. No obstante, ese es mi conflicto. ¿Acaso no es más inteligente quien no se ofende?
Como os dije antes para mí es un asunto complejo. No es que lo piense todos los días, todo el día.
Sino que me alegro de reconocerme lo suficientemente tonto como para querer ser inteligente, lo suficientemente ignorante como para buscar la sabiduría.
Sin embargo, sigo siendo igual de barbárico, sólo que me canso pronto.
Continúo siendo igual de caótico, sólo que la vida me exige orden.
Sigo siendo un pendex soñador, pero continúo el camino al logro de mis sueños.
Bueno, otro día volveré a escribir sobre este tema.
Hasta entonces.