
Mientras pinto otra vez me vienen encima, los cristales molidos.
Smashed Chrystals. Que me dan ideas e impresiones, desde hace muchos años es así.
Comprendo ahora lo impresionable que era de joven. Aunque a edad ya tardía, seguía tratando de descifrar el sentido del aire y las paredes, pero ¿Cómo hacerlo si un niño de 8 a 9 años no es ni Newton como tampoco Einstein?
Recuerdo perfectamente la semana, la sensación y el color del día. Era en Arica cuando por primera vez acudí a mi madre para que remediara esa voz en mi cabeza que no podía yo hacer callar, era una canción, uno de los éxitos que transmitían en el aire por aquél entonces.
Una parte de ese tema se repetía una y otra vez, incesante haciéndome la vida difícil.
No me gustaba la sensación de aquello. Por lo que me concentraba en recordar otras canciones, otros temas o la misma ya de manera completa, para así resistir ese fenómeno.
Ahora con casi cuarenta años, puedo fácilmente constatar que rara vez me doy cuenta de mi propio divagar…
Otro suceso que me acaeció entonces era el inquietante hecho de dudar sobre mi existencia.
¿Qué pasaría si la casa, la seguridad del hogar, la comida, la ropa, la cama hecha, todo eso desapareciera y si dios no era más que un conjunto de seres que nos observaban como parte de un experimento? Sobre todo a la hora de dormir, cuando la luz de la ampolleta, se reflejaba artificialmente sobre el cielorraso. Me imaginaba que de pronto otros seres prenderían una luz de verdad y eso que me producía tanta seguridad se desvanecería y aparecería desnudo en mi existencia y afuera sólo cielo y estrellas. Más la cuenta, cualquiera que fuera que esas entidades me pidieran.
Aún el velo no se ha descorrido, sé que está ahí por algo, que más allá de nuestra perceptible y comprobable materialidad hay otras cosas, otras realidades, que incluso nuestra humana física no puede desentrañar.
Hoy, estoy feliz, tranquilamente estresado, con cosas por hacer pero que las he soñado hechas.
Me parece que la aceptación de mi destino me ha venido bien. No sé cómo ni porque, pero de cierta manera le da sentido a todos esos sueños temidos y forjados en esos tempranos años de niñez.
Ha llegado ya
El frío sobre mi piel
Un invierno más.
Smashed Chrystals. Que me dan ideas e impresiones, desde hace muchos años es así.
Comprendo ahora lo impresionable que era de joven. Aunque a edad ya tardía, seguía tratando de descifrar el sentido del aire y las paredes, pero ¿Cómo hacerlo si un niño de 8 a 9 años no es ni Newton como tampoco Einstein?
Recuerdo perfectamente la semana, la sensación y el color del día. Era en Arica cuando por primera vez acudí a mi madre para que remediara esa voz en mi cabeza que no podía yo hacer callar, era una canción, uno de los éxitos que transmitían en el aire por aquél entonces.
Una parte de ese tema se repetía una y otra vez, incesante haciéndome la vida difícil.
No me gustaba la sensación de aquello. Por lo que me concentraba en recordar otras canciones, otros temas o la misma ya de manera completa, para así resistir ese fenómeno.
Ahora con casi cuarenta años, puedo fácilmente constatar que rara vez me doy cuenta de mi propio divagar…
Otro suceso que me acaeció entonces era el inquietante hecho de dudar sobre mi existencia.
¿Qué pasaría si la casa, la seguridad del hogar, la comida, la ropa, la cama hecha, todo eso desapareciera y si dios no era más que un conjunto de seres que nos observaban como parte de un experimento? Sobre todo a la hora de dormir, cuando la luz de la ampolleta, se reflejaba artificialmente sobre el cielorraso. Me imaginaba que de pronto otros seres prenderían una luz de verdad y eso que me producía tanta seguridad se desvanecería y aparecería desnudo en mi existencia y afuera sólo cielo y estrellas. Más la cuenta, cualquiera que fuera que esas entidades me pidieran.
Aún el velo no se ha descorrido, sé que está ahí por algo, que más allá de nuestra perceptible y comprobable materialidad hay otras cosas, otras realidades, que incluso nuestra humana física no puede desentrañar.
Hoy, estoy feliz, tranquilamente estresado, con cosas por hacer pero que las he soñado hechas.
Me parece que la aceptación de mi destino me ha venido bien. No sé cómo ni porque, pero de cierta manera le da sentido a todos esos sueños temidos y forjados en esos tempranos años de niñez.
Ha llegado ya
El frío sobre mi piel
Un invierno más.
