Algo más cotidiano y periodístico, un objetivo subjetivo y burdo si se quiere, pero para eso lo abrí, para escribir y vaya sí que tengo tiempo sin agregar una entrada.
Bueno, dicho lo dicho paso a echarle mano a este sitio para mamonadas, pendejadas, de niñato malcriado y concentido.
No soy ni el primero ni el último ser humano con el corazón roto ni es la primera vez que me sucede.
Estoy acostumbrado, ya no lo niego.
Tampoco salgo corriendo, ni se me corta el aliento.
Sólo esa pasmosa presión en el miocardio, ahí justo en los límites y se mete en los pulmones, dura semanas, meses, no sé cuánto tiempo y se quiere eternizar.
Eso me recuerda a dos cosas: Hermann Hesse en Siddharta y a Jodo cuando
contó la historia de una pérdida...
DUELE.
Sigue el calor
Otoño apúrate!
lloro callado

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