El día viernes 8 presencié la inauguración de las olimpíadas.Hacía calor y me refugié en un bareto del carrer Colom en Terrassa.
Sabía que tenía que encontrar a Geri, pero el muy pendejo se cabreó por mi mala costumbre de desaparecer. En eso sí que soy bueno, desaparezco de la vida de la gente con una facilidad pasmosa.
Pese a lo fundado de mi ausencia, mi silencio no aplacaría su ira, no obstante casi le doblo la edad, él hacía de jefe. "La venta es así"- Como escuché tantas veces hace ya 14 años cuando era comercial para un dealer de Bell Western South.
De mis cavilaciones y lectura en el bar mientras comía me sacó una imágen del televisor, era tan potente que casi lloré, se me pusieron los pelos de punta y tuve otra vez cristales molidos en mi cabeza.
Estaba presenciando el gran cambio, la historia de la humanidad ahora se escribirá con un antes y un después de las olimpíadas de Beijing.
Eso más que una bienvenida fué un golpe de mando y un dejar en claro el potencial humano que ostenta China. Eso sumado a su poderoso capitalismo y la tecnología con la que cuentan los convierte sin lugar a dudas en la nación más poderosa de la Tierra.
Lo más impactante no era el despliegue tecnológico, sino la coordinación y presencia colectiva de todos los actores y actrices.
Entonces antes de sumarme a la cacería de la puerta fría y encontrar a Gerard, Alex y cía.
Disfruté del espectáculo, de mis cristales en la cabeza, mi comida y una vez listo me dispuse a ir al encuentro del trabajo.
No sé ustedes, pero yo estoy seguro que debo aprender chino. El resto es esperar que el cambio que viene sea como el nombre de mi océano que me vió nacer, Pacífico.

No hay comentarios:
Publicar un comentario