viernes, 13 de mayo de 2011

Sobre arranques, raíces, esquejes.


...Hola otra vez querido blog, Esta noche te cuento que he estado con dolores de cabeza, de esos que anuncian tormenta o que son culpa del calor. Anoche no bebí alcohol, por lo tanto no entiendo su orígen...
Como sea, me ha llevado a una sensación más interna, de cabreo habitual y de reflección obligada.
Coincide con un tema de jardinería, las raíces.
Lo que me encontré como declaración de Diógenes de Sinope, sobre el aspecto cosmopolita de los hombres.
En un tiempo donde las polis "ciudades estado" era tan marcado, este filósofo al ir en contra de lo establecido, ya que el cinismo repudiaba lo convencional, considera que el cualquier parte del mundo es donde pertenece el hombre. Así mismo reconoce la misma cualidad en los demás.
Recuerdo que lo el primer lugar donde me declaré ciudadano del mundo fué en la polis chilena. La que yo he llamado "bestiaciudad". Fué en esta urbe que crecí, que me sentí a disgusto y que estaba seguro no quería estar. De pequeño miraba el mar, perdón, el océano. El imponente Océano Pacífico. Mi padre marino, ha sido la prueba de que más allá del horizonte había otros puertos, otros países y otras personas que hablaban otras lenguas. A veces se afincaban en mi país, otras venían de paseo. Yo siempre quise ser parte de todo, estar allá donde sucedían también cosas.
Lo he logrado en parte, donde he fracasado es en sentirme concretamente en calma en un lugar. Es un estado pienso, luego una sensación me dice que me equivoco, que algún día pise suelo y diga: Aquí plantaré mis rosas y criaré gatos.
Ese día aún no llega. De momento estoy aquí, pero me falta mucho por pisar, por oler, por oír.
No me extraña lo paradójico de mi situación, sin definirme de aquí o de allá, estoy realizando trámites para que un sistema, lo que ordena la "polis", lo opuesto a la autosuficiencia, me defina como persona. Estos trámites se llaman "arraigo", ¿Cómo puedo arraigar? ¿Si apenas soy un esqueje?
¿Cómo pretenden que me definan, si ellos no definen a los ciudadanos de esta misma tierra, que otros llaman suya?
No me siento ni de aquí ni de allá. Quizás mi descendencia en caso que algún día la tenga.
De momento, en mi corazón tengo unos colores, azul de nobleza, grana de sangre venosa. En mi lengua el dulzor del idioma catalán, que tanta melodía le da a mis dias.
En mi cabeza el eco del deseo, que me lleva a soñar libertades, totales innegables, pero tan esclavizadamente ganadas.
La inteligencia no ofende a la inteligencia, escuché alguna vez. Pues o soy muy estúpido o el sistema me ha ofendido durante cinco largos años. Me parece que es más lo primero.
El orgullo no es señal de inteligencia y es un traje del lujo más caro, porque se ha de llevar con dignidad.
Ya mis pasos los puedo contar, pronta está la puerta que me abrirá otros senderos, otras contradicciones, para seguir realidades quiméricas y sueños lúcidos.
Le echo la culpa a mi sangre revuelta, de mi piel de pelirrojo y mis facciones indias.
Mestizo en toda regla, extraño allá donde sea que vaya. El mundo es mi lugar, al menos eso creo. Igualmente hay momentos en que hasta ésto dudo.
¿Y cómo es que llegó a dar brote una semilla de rosa en el asteroide B 612?

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