jueves, 20 de enero de 2011

Concepto de inteligencia


Es un complicado tema este.
Pues durante mucho tiempo y estimulado por las palabras de quienes me han querido, me decían que soy muy inteligente.
De niño sin duda lo era, ahora sólo me he vuelto algo experimentado a medida que me hago viejo, eso es lo que quiero rescatar del sentido de inteligencia.
Puesto que la inteligencia no ofende a la inteligencia, me asombra la facilidad con la que me puedo ver ofendido.
Para muestra un botón:
Íba camino de Barcelona y estando ya en el metro noto un jovenzuelo veinteañero con problemas de estrabismo, al principio me pareció que era rumano por la ropa que llevaba puesta, no me fijé más en él. Luego comenzó una conversación telefónica en castellano.
Al bajarme estaba en mi regular preocupación por salir del vagón y llegar donde tenía que ir.
Lo escuché sin atención dado el alto volúmen de su conversación, de ese tipo que molesta al vecino del tren o bus que no quiere enterarse de los asuntos de su prójimo.
Entonces mencionó la palabra "sudacas" en tono de pregunta retórica, al paso que agregaba, aquí se está bajando uno en el Hospital Clinic.
Al tiempo que bajaba del aparato, me volví y lo miré, como que la cosa no íba para mí, pero si íba dirigido hacia mí. Me sorprendieron dos cosas inmediatamente.
La primera es para que os riáis una vez más con las locuras que me suceden, se trata de una pregunta que me hice en mi fuero interno siempre pensando miles de cosas y de imaginación exacerbada:
- ¿Cómo se puede notar tanto que soy sudaca? ( Sí créanme que tenéis todo el permiso mío para reír).
La segunda no es tan divertida y es que me sorprendí con poco tiempo para haber reaccionado, al no estar dispuesto a volver al vagón y armar un número y la que va directamente ligada a las ganas de armar el espectáculo, cómo lo haría, que haría y el manejo de la progresiva rabia que me daba. También me alteraba el hecho de sentirme ofuscado y volvían muchas veces tantas situaciones en las que me han llamado de todo, en las cuales mi actuar me gusta que sea tranquilo, de aplomo, puesto que ¿Qué le hace el orín de verbernera cabra montañesa a las laderas de la magestuosa montaña?
Pues nada, pero como no soy montaña tuve que bancarme la sensación que no necesariamente todos los días son el paraíso. Aunque me encuentre en Catalunya, andando en el metro de Barcelona.
En fin, para no extenderme demasiado vuelvo a la otra reflección:
Pienso que la inteligencia no es exactamente saber un montón de información ni tampoco recordarla, pero tampoco pienso que sea el moverse astutamente por la vida lo que hace a una persona más inteligente.
Es complejo el tema, puesto que topo con los límites propios de mi poca o mucha inteligencia.
Es delicada la mención de esta palabra por el hecho que no siento que sea inteligente arrogarse el adjetivo propio de la persona poseedora de la cualidad tratada aquí.
Pero es mucho menos inteligente discutir sin argumentos a cualquier cuestión que nos presente la vida, artículo escrito, máxime si se trata de una declaración u opinión ( Aunque todas las opiniones son altamente discutibles al ser sólo eso, opiniones).
Lo digo por lo que deja entrelíneas y el alcance de una persona inteligente, cuando las lecturas de lo que dice se regocijan en la sencillez y la ironía. Cuando se vuelven puertas y ventanas abiertas a esferas de pensamiento y líneas de dialéctica.
Una pista que la experiencia del haber cometido tanta estupidez, dicho tanta tontería y decidido tanta bobería me ha terminado por mostrar claramente.
Se puede discernir lo estúpido de lo inteligente porque son opuestos, lo uno ofende a lo otro. No obstante, ese es mi conflicto. ¿Acaso no es más inteligente quien no se ofende?
Como os dije antes para mí es un asunto complejo. No es que lo piense todos los días, todo el día.
Sino que me alegro de reconocerme lo suficientemente tonto como para querer ser inteligente, lo suficientemente ignorante como para buscar la sabiduría.
Sin embargo, sigo siendo igual de barbárico, sólo que me canso pronto.
Continúo siendo igual de caótico, sólo que la vida me exige orden.
Sigo siendo un pendex soñador, pero continúo el camino al logro de mis sueños.
Bueno, otro día volveré a escribir sobre este tema.
Hasta entonces.

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