
Este era el hijo de J. Él era felíz con el niño, pero un día lo paseaba y notaba poco a poco el comportamiento del infante como que algo no andaba bien.
Aún no aprendía a hablar, pero igualmente tenía esas cosas de padre, cuando algo le dice a uno que la cosa no funciona como debiera... Entonces la sorpresa fué mayúscula al tiempo de algunas semanas después de que notara ese algo, aquello inusual en su criatura. Pues bien, al tomarla, notó un bulto en la nuca. El bulto era ni más ni menos que una especie de circuito impreso.
Otra versión:
Pero un día sin saberlo, J. se llevó a paseo a algo que no era su bebé precisamente.
Hola mi niñito pequeñito! ¿Cómo estás?
De pronto el bebé comenzó a proyectar luces de todos los colores. Estas se veían en su piel como una proyección de cine desde dentro de sí. Podría ser un caso de alteración cromosómica pensó rápida y estúpidamente. Como para justificar con una apariencia lógica y científica el hecho de que aquello a lo que contemplaba, no era más su hijo.
El niño seguía cambiando de colores y sus ojos grandes, pupilas dilatadas parecían comunicarse con algo mucho más allá de este mundo. El niño de las estrellas, pensó estúpidamente otra vez sin poder hacer nada por el crío.
Los gestos y balbuceos rítmicos de la criatura ya hacían suponer que se trataba de un nuevo lanzamiento de un babybot de alguna conocida casa de juguetes.
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