"Una fuente de vida apática, que se dirime entre la inquietud de ser o el estar siempre ahí a su lado. El de la soledad que nada trae ni que ver el uno a la otra. Sin saber que entonces por arte de magia todo retumba en un sonido ancestral que lo llevara a la tumba tal cual como dios lo trajo al mundo."
Hoy estas palabras son de escritura automática, la que vengo ensayando hace algún tiempo.
Poco a poco, mis ausentes lectores les hago entrega de estas vaguedades literarias, sin cuya presencia mi vida sería aún una vaguedad más grande.
Los pensamientos de hoy:
La destrucción es un proceso natural, es una ley, por la cual todos estamos unidos, desde la partícula hasta las estrellas supergigantes azules invisibles para el espectro humano.
Dentro de este principio, el hombre se hace parte e invierte lo bueno que ha creado la naturaleza a su propia conveniencia sin medir riesgos.
Bien pudiera ser acertada mi teoría de que el "jardín del Edén" esté en la Tierra, sí, en este planeta.
En la biblia se hace mención de los ríos Tigris y Eufrates, por lo que cabe suponer que el Edén es el mundo en que vivimos, pero el pecado original es no poder verlo.
Bagwan Rajneesh lo decía, estamos en el paraíso, lo que pasa es que no nos damos cuenta.
Es el ego el que no nos deja, el aplazamiento de lo verdaderamente importante.
Nó sólo hemos perdido el contacto con el Edén, simb0lizado por la espada del ángel, sino que lo profanamos a diario. Sus cauces los contaminamos, sus bosques depredamos y quemamos, sus caminos arrasamos, llenamos de desperdicios nuestro mundo, hemos exterminado especies, nos hemos creído, amparados en los derechos humanos, autorizados a superpoblar este planeta.
Todo por una búsqueda infructuosa y equívoca de la felicidad eterna.
Yo digo ahora:
-Quiero mi felicidad aquí y ahora. Sin límites y libre de mí para fluír donde ella quiera.-
Esto sé que acabará en mi muerte, pero todo y todos vamos a morir.
El universo también.
De nosotros no quedará nada y seremos destruidos y reciclados, eso sí, si tanto plástico y desechos de carburos nos dejan algo de espacio en el planeta.
Pero de algún modo, el decir esa especie de mantra me hace traer un poco las plantas de mis pies sobre este mundo, me devuelve de mi locura, me puede dar sin embargo, un sentido de felicidad tan grande y amplio, sin debérsela a nadie, porque así de amplia es libre. Si pudiera vivir todo el resto del tiempo que me queda así, eso sería la vida eterna.

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